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sábado, 10 de diciembre de 2011

9

Rodrigo:

              Antes que nada, disculpas por la demora de mi respuesta (más adelante te cuento las causas). Ojalá todo lo que contás sea cierto. De ser así, valdrá la pena seguir siendo pacientes. Después de lo que pasó en el anterior ataque, Rubén tomó el control de la situación y organizó mejor las defensas. Cuando terminamos con eso, nos dio un palo a Armando y a mí. Luego abrió las puertas y nos ordenó ir con él al pueblo a buscar el repuesto necesario para arreglar el generador. Caro se quedó.
   Como no nos podíamos dar el lujo de ponernos a discutir con la pistola de Rubén, lo seguimos y llegamos al centro del pueblo. Los hediondos eran muchos y, aunque parecen incapaces de organizarse, son tan perseverantes que dan miedo. En medio de la desesperación, peleamos como salvajes y Rubén nos obligó a seguir peleando hasta que no quede ninguno en la cuadra de la ferretería. Tengo que ser honesto sobre él, creo que no es tan hijo de puta como parece. Nos obligó a arriesgar la vida, pero él peleó con el doble de fuerzas que nosotros. Parece la clase de persona que se siente más a gusto con esta situación que cuando estaba todo bien. Tiene sangre fría y es muy práctico.
   Encontramos la caja del repuesto que buscábamos, pero estaba vacía y tenía heces adentro (lo cual fue muy desagradable) Al salir de la ferretería, Rubén recibió un fuerte cascotazo en el omóplato y yo en la cabeza. Cuando me desperté, me habían traído de regreso al refugio. No saben de dónde vinieron las piedras ni quien nos atacó. Pero estamos seguros que no fueron los hediondos. Los hemos observado bastante en este tiempo: son totalmente estúpidos, no podrían manipular un objeto, sólo saben caminar, morder y arañar.
   Rubén está indignado por lo de las piedras, no para de darse manija con ese tema. Armando tuvo la precaución de cargar algo de comida en su mochila cuando estábamos regresando. Me trajeron inconsciente y sangrando; tuve mucha fiebre y migraña, no podía subirme al techo a vigilar para no exponer mi herida al sol, tampoco tenía la suficiente lucidez para escribir, pero ahora ya estoy bien. Me contaron que no pudieron encontrar al agresor porque un grupo numeroso de hediondos- atraídos por los disparos furiosos de Rubén- se acercaba y no podrían frenarlo entre dos.
   Caro tiene una teoría, pero hasta ahora no pudimos hablar. Ahora es la querida de Rubén. Ella acepta esa situación con tal de mantenerlo calmado. Yo no la veo como una hembra sumisa y dócil. Me huele que tiene un plan.

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sábado, 19 de noviembre de 2011

6

Rodrigo:

              Van cinco días de nuestro último mensaje y seguimos sin obtener respuesta. La paloma vino sin ningún mensaje. Espero que hayan podido actuar a tiempo, porque de lo contrario sólo puedo creer que haya pasado lo peor. La paloma regresó, así que con muy pocas esperanzas de que nos lean les cuento las últimas (malas) noticias.
   Fuimos atacados la misma noche que les escribí. No habíamos terminado aún con el perímetro, estábamos cenando y empezaron a colarse unos cuantos hediondos-les llamamos así por el olor que despiden- y de no ser por nuestra Maika que nos avisó de inmediato, podrían haber acabado con todos nosotros. El viento soplaba en contra y eso hizo que no los sintiéramos acercarse. Logramos frenarlos a tiempo, con el costo de dos vidas.
   Lo peor fue que eso podría haberse evitado. Cuando Eduardo fue acorralado, utilizó a Andrea como escudo humano y perdimos a la única persona del grupo que había hecho un curso de enfermería.  Rubén intervino y peleó muy duro, sólo con un fierro pudo mantener a raya a los hediondos el suficiente tiempo como para que Armando, Carolina y yo pudiéramos bloquear el sector deficiente. Eliminamos a cinco de ellos (unos veinte quedaron merodeando del lado de afuera).
   El día siguiente (el día que supuestamente íbamos a utilizar para ir en busca del repuesto) fue peor que el anterior. Rubén insistía en ejecutar a Eduardo por su acto de egoísmo y cobardía. Armando y Caro trataron de convencerlo de que eso no volvería a la vida a Andrea y de que eran dos manos más para ayudar en el trabajo. Yo preferí atarlo como castigo y para que, por ansiedad, no comiera de más, que era otra de las quejas contra él. Después de mucho discutir, Rubén perdió totalmente el control y nos amenazó con un arma de fuego (que nunca le habíamos visto), tomó a Eduardo por los pelos y- arrastrándolo- lo llevó afuera del perímetro. Después cerró la puerta.
   Mientras Eduardo nos maldecía, lloraba y gritaba súplicas y perdón, Rubén nos apuntó con su arma a uno por uno, obligándonos a jurarles lealtad. Tuve que escribir este mensaje a escondidas de él. Soy el vigía y paso todo el día arriba del techo, en compañía de Maika, esperando que se calmen las cosas. Estoy muy nervioso. No me gusta la forma como Rubén mira a Caro, ni la manera como Armando masculla cada vez que aquél le da una orden.

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lunes, 14 de noviembre de 2011

4

   La lluvia nos impidió dar respuesta en estos días. Están en una situación muy grave. Si Abel aún vive, átenlo y manténgase alejados de él. Cuando la fiebre se lo lleve, esperen media hora y golpéenlo bien fuerte en la cabeza con un martillo, un palo u otra cosa. Eviten las armas de fuego y tengan cuidado con las salpicaduras. 
   No sabemos mucho del asunto, pero lo que es seguro es que es muy contagioso y que la única forma de estar a salvo es rompiéndoles la cabeza. Para cuando este mensaje les llegue, es probable que haya pasado lo peor. 
   Manténganse alerta, ocultos y eviten hacer ruido. Si se les acerca uno o dos de ellos, pronto vendrán más. Uno solo es bastante peligroso, pero más de tres son una muerte segura. La única razón de que estemos vivos nosotros seis es porque  se estaban masticando a los otros seis mientras huíamos.
   Nuestro grupo se compone por Armando, el chofer de la traffic; Eduardo, un empleado de comercio; Andrea, Trabajadora Social; Carolina, estudiante de Comunicación; y Rubén, un remisero que se unió a nosotros ese día que huimos de la estación.
   Nosotros tampoco hemos podido conectarnos a ninguna red. 

   Tenemos provisiones para unas seis semanas, estimo, pero no logramos reforzar adecuadamente el perímetro (bastante precario) Hay muchas diferencias y peleas, especialmente entre Rubén y Armando. Por ahora, el temor de ser atacados es lo que nos une. Después amplío. Ahora no hay tiempo que perder. Aseguren la casa en la que están y consigan palos, machetes, un hacha o cualquier cosa contundente que les sirva de defensa. Y, en lo posible, un perro. 
   Espero que estén bien y respondan pronto.
   Claudio


P.D.: Mañana saldremos con Rubén y Eduardo al pueblo, a ver si podemos conseguir el repuesto necesario para que Armando arregle el motor del grupo electrógeno. Es muy peligroso, pero de conseguirlo tendremos más posibilidades para organizarnos y estar seguros. 
   
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viernes, 4 de noviembre de 2011

2

               Hola Rodrigo. Soy Claudio Ledesma. Estamos en Villa del Totoral. Éramos doce cuando nos sorprendió el desastre mientras realizábamos una encuesta política. Hoy somos seis personas y una perra de tamaño mediano. Los que terminamos temprano ese día nos encontramos con Armando- el conductor de la traffic- y pudimos escapar a tiempo. Estamos refugiados en una casa de campo que en apariencia fue abandonada por sus dueños hace poco. No disponemos de una notebook, pero intentaremos conectarnos a la red desde el blackberry de Armando en el mismo horario que ustedes (si conseguimos señal, cosa que veo difícil).
            Les recomiendo adoptar algún perro. Pueden ser útiles. Maika nos salvó la vida en dos ocasiones antes que encontráramos esta casa. Te avisa cuándo hay peligro bajando las orejas y gimiendo una advertencia. Costó convencer a algunos, pero ya es parte del equipo.
            El calor y el olor compiten en ferocidad. Hay una buena reserva en la casa: un sótano con chacinados, quesos y vino; un galpón lleno de grano, harina y latas al por mayor. También hay una huerta y un aljibe con agua potable. No hay rastros de animales, como si los hubieran soltado.
            La batería de la traffic está muerta, no creo que nos movamos de acá por una semana, al menos. Armando está intentando arreglar el grupo electrógeno. Hay un tanque de cemento lleno de combustible.
            No tuve acceso a ningún diario y hace años que no veo televisión, pero pienso que los titulares improbables que mencionaste se quedaron tímidos ¿Tienen idea de qué puede haber causado esto?
            En lo que estamos todos de acuerdo es que no es buena idea acudir a la ciudad. Si acá todo parece un infierno, no me quiero imaginar en qué se habrán convertido las poblaciones más grandes. Una chanchada.
            Hace trece días que no vemos otra gente que no sea nosotros mismos. Hay algunos roces. Armar un perímetro nos mantiene ocupados casi todo el día. Cuando terminemos, no sé.
            Espero que mi letra se entienda, la achiqué para poder escribir más.
            Saludos a vos y a los siete.
            Claudio



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